"... No dejará entrever ninguna sorpresa, no asomará a sus ojos ninguna señal acusando el golpe, ningún resentimiento de amargura, salvo el antiguo desacuerdo consigo mismo que ya llevaba enroscado dentro de su pecho al venir aquí, una tensión moral entre corazón y la mente de la que nunca pudo librarse, ni siquiera en los fogosos años que templaron sus ilusiones y su solidaridad, cuando más contagiosa era la esperanza en el mañana y más seguro se mostraba él de luchar por una causa justa...."
Marsé, en su Embrujo de
Shanghai, nos acerca a figuras desdobladas por el paso del tiempo como si fueran
los relojes blandos de Dalí, colgados entre dos tiempos: el pasado y el
presente. El pasado, fue la Guerra Civil española, donde tantos sueños se
perdieron fusilados. El presente, es la dictadura, donde tantas pesadillas
asoman a la realidad; conjugada con pequeños héroes agazapados entre harapos,
que pululan por las calles como fantasmas; asomados a las tabernas donde conjugan el olvido de lo que no pudieron ser. Los relojes blandos, suspendidos en la
nostalgia del momento, no tienen fuerza para pensar; agonizan con
la dignidad de haber luchado sin haber sido derrotados, pues la única derrota
hubiera sido no intentarlo.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)©
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