Antoine de Saint Exupéry, dibuja sus anhelos interiores, disfrazado de niño. Viaja, sin distancias interiores, sólo con su fantasía. Por un mundo de realidades sin ensamblar; donde la monotonía no existe; donde la tragedia, no sirve como excusa para ser más feliz; donde la mirada, abarca el horizonte sin miedo. El temor a la muerte, que es el mayor de nuestros fracasos, nos acompaña siempre, pero, el Principito la vence acompañado de su rosa.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)
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