·"... A veces me indigno; no es justo que una persona tan concienzuda como yo, con tanta suerte, oportunidades y apoyo, termine en rehabilitación. Sin embargo, cuando lo veo desde otro punto de vista, no me sorprende en absoluto. Estaba acostumbrada a los extremos. Crecí en contacto con la enfermedad mental; ráfagas imprevisibles de comportamientos y fuera de lo común, seguidas de depresiones provocadas por la retirada de la medicación. Recuerdo ciertos momentos: ver a mi padre peleando y empujándose en lo alto de la escalera, un vecino me sacaba de casa y cuando volvia, mi padre ya no estaba, tardaba semanas o meses en volver. Viene al mundo en medio de escenas dramáticas, vivi´entre barcos hundido y los aullidos de la tormenta, entre el nacimiento y la muerte de los animales, con visiones religiosas, al borde del caos, consciente de la posiblidad de que ocuriera algo emocionante, pero también de la amenaza de que pasara algo malo. Una parte de mí piensa que estas fluctuaciones incontroladas son, si no normales, al menos deseables, y así crecí, esperando e incluso anhelando los extremos. La alternativa es el equilibrio, que me resulta insulso y resctrictivo. Busco emociones fuertes y quiero sentime más vivas"...
Este parráfo pertenece la libro" En las islas extremas" de Amy Liptrot
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